El debate sobre el fracking en México ya no es solamente ambiental. Detrás de las pruebas que estudia el gobierno de Claudia Sheinbaum existe un mercado potencial de miles de millones de dólares en perforación, servicios petroleros, tubería, agua, infraestructura y producción de gas. Y algunos de los jugadores que podrían competir por ese negocio ya trabajan con Pemex.
México consume alrededor de 9 mil 100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural y, de acuerdo con cifras presentadas por el propio gobierno federal, importa aproximadamente 75% de lo que utiliza desde Estados Unidos.
La dependencia siguió creciendo en 2026. Durante el primer trimestre, las importaciones de gas estadounidense promediaron 6 mil 258 millones de pies cúbicos diarios, un récord para ese periodo.
Ahí está el tamaño del incentivo: sustituir siquiera una parte de esas compras implica crear un nuevo mercado de producción nacional.
Burgos: el activo que vuelve al centro del negocio
La Cuenca de Burgos, que se extiende por Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, es la principal región mexicana de gas no asociado. Pemex reportó que en 2025 produjo allí 246.5 millones de pies cúbicos diarios y que la inversión acumulada del proyecto alcanzaba 20 mil 700 millones de dólares.
Pero el atractivo está debajo de los campos convencionales. El comité científico convocado por Sheinbaum identificó a Burgos y Sabinas-Burro-Picachos entre las regiones que deben seguir evaluándose para gas no convencional.
La decisión todavía no equivale a una autorización comercial. Este 7 de octubre, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, reiteró que “no hay condiciones” para explotar mediante fracking y que por ahora sólo se realizarán pruebas para conocer la disponibilidad de agua salada y gas.
¿Quién podría ganar?
Pemex estaría en el centro, pero difícilmente solo. Sheinbaum reconoció desde abril que, si el desarrollo resulta viable, podrían utilizarse tanto contratos de Pemex como contratos mixtos con privados.
El primer grupo a observar son las grandes compañías de servicios petroleros. SLB —antes Schlumberger— tiene experiencia directa en Burgos: la propia empresa documenta haber desarrollado para Pemex 375 pozos mediante cinco contratos integrales, incluyendo perforación, terminación, estimulación y fracturamiento. Además, el sistema público de proveedores de Pemex registra en 2026 a Dowell Schlumberger de México entre sus proveedores relevantes.
Eso no significa que SLB tenga adjudicado el eventual programa de fracking. Significa que ya posee experiencia, infraestructura y relación contractual con Pemex que la colocan dentro del universo empresarial a seguir si se abre una licitación.
El segundo negocio: tubos, perforación y contratistas mexicanos
El desarrollo masivo de gas no convencional requiere cientos de pozos y una operación prácticamente continua. Ahí aparecen empresas de perforación, cemento, fluidos, tubería, compresión y construcción.
El padrón de Pemex incluye actualmente compañías como Tubos de Acero de México (TenarisTamsa), Diavaz Servicios de Producción y Dowell Schlumberger de México entre proveedores relevantes. Su presencia actual no garantiza contratos futuros de fracking, pero muestra que la cadena de suministro petrolera ya existe.
Burgos, además, tiene capital privado operando desde hace décadas. El campo Misión funciona mediante un contrato de producción compartida entre Pemex y Servicios Múltiples de Burgos. Documentos oficiales identifican entre sus asociados a Tecpetrol de México, Burgos Oil Services e Industrial Perforadora de Campeche.
El activo está incluso en movimiento: en agosto, International Frontier Resources y Kinjal anunciaron acuerdos para adquirir Servicios Múltiples de Burgos a Tecpetrol e Industrial Perforadora de Campeche. La operación evidencia que el interés privado en la cuenca precede a cualquier decisión sobre un programa mayor de gas no convencional.
La paradoja: competir contra el gas barato de Texas
El mayor obstáculo económico del fracking mexicano podría no estar bajo tierra, sino al otro lado de la frontera.
Texas produce gas a gran escala y México ya dispone de una extensa infraestructura para importarlo. Empresas como TC Energy y Sempra Infrastructure participan en la red de gasoductos que transporta ese combustible hacia México, mientras la CFE mantiene contratos e infraestructura diseñados alrededor del suministro estadounidense.
Por eso producir gas mexicano no será automáticamente más barato. Los pilotos deberán demostrar que el costo de perforar, fracturar, manejar agua salada y mantener una sucesión continua de pozos puede competir con el gas texano entregado por ducto.
Un negocio que todavía no existe, pero ya tiene candidatos
El gobierno busca reducir la dependencia estadounidense del 75% actual a alrededor de 50% mediante mayor producción convencional, eficiencia y otras medidas. Para bajar todavía más, Sheinbaum reconoce que tendría que entrar el gas no convencional.
Si las pruebas fracasan, el gran negocio seguirá siendo importar y transportar gas desde Estados Unidos. Si funcionan, una parte del dinero podría desplazarse hacia perforadores, fabricantes de tubería, proveedores de servicios, operadores de agua, infraestructura y socios privados de Pemex.
La pregunta ya no es sólo si México hará fracking. Es quién cobrará si decide hacerlo.
Las cifras, documentos y declaraciones se identifican dentro de la historia con su fecha de corte.
Staff Capital
Autor en EL CAPITAL. Periodismo sobre suelo, movilidad, activos y grandes negocios.